ÍGNEA


En bosques ígneos el suspiro se queda solo. 

Arde el viento dejando sin vida los anhelos. 

Muere toda esperanza prendida en el cielo 

por aquellos que un día decidieron ser otros, 

sin disfraces, máscaras o aperos.


Muerde la flama deseos pendidos

de hilos de saliva, 

adornando abrazos, retorciendo heridas. 


Se sacude el pecho las embestidas fieras

de esa melancolía de días que no se olvidan.


Y dime, tú que espías

¿Cuántas vidas has vivido? ¿Vives aún inmerso en la mía? 

¿Sigues soñando despierto y violento? 

¿Sabes ya la materia de mis besos o lo ignoras todavía?

 

¿Conoces el camino de vuelta a otra casa más incierta? 

¿Sabrás poner paredes sin usar una sola piedra? 

¿Saldrás como siempre por la puerta que se entra? 

¿Te ves capaz por fin de deja mi alma libre y desierta?


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