PACTOS

Buscaba la excusa para no odiar más diciembre
y creí en ti tener el puto mejor motivo posible.
Pero el día uno ya se deshizo entre mis dedos
creo que mucho antes de que acabara noviembre.

Por suerte el alegato perfecto para no detestar 
ni meses, ni días, ni sueños, ni nada,
mi pretexto preferido para amar cualquier penumbra,
la manera más pura y limpia de iluminar la estancia,
es eso que emana mi madre cuando sonríe
con cada una de sus benditas miradas.

Y es por eso que hace ya un tiempo
trabajo negociando un eterno pacto 
entre corazón y cerebro, vísceras y calma.

Uno a base de martillazos como en una forja
se compromete a poner orden y forma
en cada recodo sembrado de caos.
Ese artilugio repleto de miedos salvajes
y engranajes atorados de mugre y recuerdos
resta suspiros al loco que grita mudo entre huesos.

El ruido continúo y conjunto de ambos 
siempre un compás a destiempo entre ellos
rompe y araña el denso silencio
de mis escasas noches en calma.

Se enfrentan, se odian, nunca se encuentran
Llegando a las manos a veces. Y yo, les dejo.
Violencia de vísceras le llamo. Y yo, solo observo. 
Y mientras, si puedo, lloro y aprendo.

Esa masa gris, pesada y caliente como el asfalto
dibuja espejismos en forma de vapor y agua,
impidiendo que distinga realidad de parábola perfecta,
agarrándome a cabos sueltos que rasgan mis palmas.

Amanecen a veces manchadas de sangre, 
Sangre drenada por bombeos feroces.
Me explota la cabeza, respiro entre nauseas.

Se manchan mis pies descalzos al contacto con la tierra 
y se reseca entre los dedos ese líquido viscoso,
que me recuerda demasiado a menudo,
que por suerte aún estoy viva. Aún estamos vivas.


Y aunque el corazón esté parado, sigo caminando.
Porque cuando él se para, el de arriba toma el mando.
Amo a veces, sumiso de cuerda y fango,
escupe y empuja toda esa masa roja a bofetadas,
herida caliente y hambrienta de pasiones.
Pesada, espesa y llena de girones. 
Como un soldado sin guerra ni rango ni nada.

Trabajo a diario en este eterno y jodido pacto 
entre un corazón sádico y un cerebro agotado,
y nunca sé que potestad merecen,
ni por quien primero debe ser firmado.

Comentarios

  1. Como dioses hindúes de numerosas extremidades, de muchos ojos y muchas bocas.
    La realidad multiforme y heteróclita, la que nos desborda cada vez que nos atrevemos a mirarla directamente a los ojos.
    Qué alivio saber que no se está solo en esta telaraña, hermosa bajo la luz de la matinal pero siniestra cuando se aproxima su implacable dueña..

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