VIDAS COTIDIANAS

Parece que el frío da tregua y Sara aprovecha para tender la ropa en la azotea. Junto a su esperanza.
Hace tiempo que anda perdida, no sale demasiado de la cama.

Marta y David follan desesperados en el parking de un garaje. Saben que pronto se odiarán y no querrán volver a verse.
El mundo líquido en el que viven se llevará los pocos guijarros sólidos que han creado. No hay dique suficiente. Next.

El sol asoma de nuevo en el horizonte, como todos los días. Solo que hoy se hace ver entre las nubes.
Espera iluminar las vidas de los que salen a visitarlo, si es que sus propias nubes lo permiten.

Marcos se reconoce aún con ciertas dificultades en el espejo, igual que le pasó a su madre. Estaba embarazada de 5 meses cuando fue consciente de que llevaba una vida dentro. Rompe un rayo de luz su ventana y va a parar a su extraño perfil.

La vida se abre paso sigilosa en ocasiones, tambaleándose. Adentrándose en cuerpos no deseados.
Y arraiga en lugares yermos, como esas flores que salen del gris asfalto, como raíces rompiendo aceras.

Un muro se derrumba en la calle de Ana, no le extraña. Está todo lleno de grietas.
Por las que pasa el aire, y entra el agua. Y la humedad le cala en los huesos hasta el alma.

Levanta el viento las hojas del suelo, dejando las aceras tan desnudas como las almas que caen en ellas cada día.

Su futuro es tan mohoso como el presente de Hassan: mujer y cuatro hijos. Sueldo de paleta inmigrante.
En la camioneta de camino al trabajo llora mientras suena una canción que ni conoce ni le emociona. Pero llora.

El tiempo abofetea a María cuando mira su reflejo en la ventana. Setenta años que siente como treinta. Pero está sola, siempre lo ha estado. Desde que vino al mundo. O antes quizás.
Ve la vida que se esfuma en ese cuarto donde la vejez se come todo resquicio de humanidad. Logra escapar.

Andrés juega en el parque con su padre, no sabe que en tres años será un huérfano más. Pablo acabará con su vida en silencio, en una cuneta, inhalando monóxido de carbono en su coche de alta gama.

Alba se enamora de su compañero de clase, tiene 15 años. Se deja tocar por él. Y por alguno de sus amigos.
No es fácil ser buena chica y gustar a todos. En dos años será la más puta de clase. Y del barrio.

La hija de María, hace años que no ve a su madre. Se avergüenza de ello, y de ella misma. Porque ella, ahora es él. Jamás se sintió agusto en su cuerpo. Y decidió no volver a ser la hija de nadie para pasar a ser un ser sin procedencia.

El novio de Alba se hará popular entre sus amigos, y en unos años, será un violador en potencia.
Pero no pasa nada, ellos pueden rasgar las vestiduras de quien deseen sin necesidad de rasgarse ni un ápice de conciencia.

Antonio y Julia caminan agarrados, camino a la escuela. Es mediodía, van a recoger a su nieto, huérfano de padre. Sin fuerza ni ganas. Se aman.
Pero están tan cansados que desean no dar un paso más y morir allí mismo, cogidos de la mano.

Maria y Carlos ya no se soportan, hacen vidas paralelas, pero veranean en Palamós cada año. Tienen un apartamento, lleno de tristeza y de sexo forzado.
Su hijo tiene una novia, creen que es una golfa.

Y tú desde casa te quejas, te quejas porque te sientes sola teniendo personas alrededor con las que puedes contar. Teniendo una familia que sabes que te quiere y a la que, mejor o peor, soportas. Porque tu hijo será feliz y no arquitecto. Y los platos aún sin fregar.

Te quejas porque has perdido el móvil, porque hay cola en el cajero, porque has pisado una mierda con tus botas nuevas de 100 pavos. Te quejas porque Netflix no tiene películas buenas, porque los domingos por la tarde son demasiado largos. Porque no tienes aire acondicionado y joder, qué calor hace, que llegue el invierno ya. Y que puto frío en invierno, añoro el verano. 

Porque otro año más te quedas sin ir a Japón, o a Bali, o a donde mierdas quieras ir, cuando ni siquiera eres capaz de ir a ver a tus padres o a tu abuela. Cuando no eres capaz ni de visitar más de 10 minutos tus adentros, porque te asqueas y te das miedo.

En serio, ¿eres gilipollas? ¿o sólo lo pareces?




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