LOS DÍAS RAROS

Hoy un pájaro ha caído a escasos metros de mis pies. 
Debe haber chocado. 
Ha agonizado mientras yo lo miraba sin saber muy bien qué hacer. 
Angustiada por saber que se le estaba yendo la vida.
Una simple observadora. Casi una voyeur morbosa. 
Ha muerto enseguida. Y he exhalado. 
Llevaba un rato aguantando la respiración,
sin ser consciente de que su muerte no era mía.
He seguido mi camino. 
Sonaba Tulsa, Oda al amor efímero. 
Y he visto, en mi cabeza, cómo ese pájaro volaba justo antes de morir.

Volamos, chocamos, caemos y morimos. Mil veces. Mil muertes. Mil nuevas vidas.

También me he encontrado en el suelo, cerca de un charco,
un pequeño tarro de metacrilato, redondo, con tapón de rosca.
Un lugar transparente, donde guardar pequeñas cosas importantes. 
Y he decidido guardar dentro el recuerdo de ese pájaro negro. 

Y también he decidido que quería compartir esto contigo. 
Por compartir cosas que creo que, aún con su rareza, son bellas. 

Y por no mantenerme callada. 





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