ESPEJOS Y ESPEJISMOS


Sonaba el Con altura de Rosalía mientras yo bajaba a los infiernos y buscaba un agujero en el suelo donde meter la cabeza y no sacarla nunca más. Paradojas de la vida.

Sabía que me iba a pasar y llevaba mucho tiempo evitando este momento, pero hay citas que son ineludibles y un 40 cumpleaños es una de ellas. Así que allí estaba yo, plantada en ese patio lleno de absurda decoración hawaiana, con mi camisa de flores y mis ganas de salir corriendo a flor de piel. Y allí estaba él, al fondo, hablando acaramelado y distendido con su nueva acompañante, alta, esbelta y rubísima. Con unos tacones de infarto. ¿A qué ser humano se le ocurre plantarse unos taconazos en una fiesta hawaiana? Pues a ella. Se lo puede permitir. Anda con gracia y elegancia. Le quedan geniales. Que hija de puta. Si es que me la follaría hasta yo, que buen cambio has hecho…Me voy revolcando en todos esos pensamientos de mierda tanto, que no soy ni consciente de que él se me está acercando brazo en alto, sonriendo como un imbécil.


-     Ostras, cuanto tiempo sin verte. Que ilu! – Siempre me pareció muy ridículo que usara esa palabra, en fin.
-     Hola, jejeje. Claro, no podía perderme la fiesta de Isa, sino me mataba. ¡Te veo muy bien acompañado!- Estúpida, que haces, que se te ve el plumero.
-   Emmmm…jajajja. Pues no sé, como siempre. Aquí ya sabes que la compañía siempre es buena-. Me dice como haciéndose el tonto. No sé si se lo hace o lo es. Vaya ojito tengo. Momento de escabullirme.
-     Ya, claro claro. Bueno pues voy a buscar a ésta para felicitarla, que aún ni la he saludado. Nos vemos luego-.Y huyo despavorida hacia la esquina opuesta, donde creo haber atisbado el moño pelirrojo lleno de rastas de Isa. 

    Me acerco con una sonrisa helada en los labios, disimulando las ganas que tengo de matarla, o mejor aún, de clavarle el tacón de la rubia de marras en el ojo.
-    Felicidades amiga cabrona donde las haya- le digo con toda la rabia del mundo. No soy muy de disimular los enfados yo.
-   Epaaaaaaaaaa, a ver ¿qué le pasa a la psicópata de turno? ¿Qué bicho te ha picado hoy? Ah, y gracias amor- contesta mientras se me acerca a besarme con un pedacito de pastilla de M entre los dedos, que me mete automáticamente en la boca sin pedirme permiso-. Toma, para que te relajes un poco reina, que vaya diitas que llevas.

Y yo aprovecho para tirarle del brazo y apartarla un poco del grupito de hippie  indie pijos con los que alterna y echarle por cara cuanto la odio por no haberme avisado de que Iván iba a venir acompañado a la fiesta, y joder, ¡Vaya compañía! Pero bueno de eso ella no tiene culpa, porque de verdad que no entiendo como tal personaje, que vamos, tampoco es que sea ni un Adonis ni medio, haya conseguido embaucar a un pibón de ese calibre. Pero vaya, que seguro que ella es medio lerda y como el menda tiene un piquito que no tiene precio, pues se la ha beneficiado. Que tampoco entiendo muy bien cómo, porque además no es ni medio bueno en la cama, la verdad. Mediocre, si más no…
-   Eh tía, basta. Se te va la olla mil. No sé de qué me hablas. Sí, he visto a Iván hace un rato cuando ha llegado, pero llegaba solo. No he visto a ninguna rubia despampanante a su lado. Pero de todos modos, está en su derecho de venir con quien quiera, como si tú te hubieras traído al loser ese que te tiras de vez en cuando. Sois libres, déjalo vivir, ya no estáis juntos. Supéralo. Y deja de criticarlo de una vez, en el fondo te encanta y lo que tienes es pura rabia. A ver si te hace efecto ya eso, y te relajas y disfrutas. Y por favor, no quiero numeritos.

Y se pira, vuelve al grupito de donde la he arrancado para seguir hablando de los próximos festis y de lo poco aceptado que está el trap cuando en realidad todo el mundo lo escucha. De verdad que no acabo de entender muy bien que narices hago aquí, si yo en realidad no quería ni venir.

Busco alguna cara conocida para hacerla cómplice de mi colocón emocional y ya no tan emocional, esta mierda me está subiendo. Pero no encuentro a nadie a quien conozca lo suficiente como para que me aguante. Ahí está Luisa, me saluda con la mano y le devuelvo el saludo, pero no me apetece acercarme. Saco el móvil y me pongo a mirarlo, para disimular mis pocas ganas de ir hasta donde está y forzar una conversación, pero una vez más, antes de darme cuenta, ya la tengo delante de mis morros. Apesta a alcohol, menudo pedo lleva. Me saluda con excesiva efusividad y escupe empanada al hablar. Lleva un trozo en la mano, y me está poniendo perdida a perdigones de saliva espesa de borracha con bonito y tomate, que asco. Me dice que estoy muy guapa, que me sienta bien haber adelgazado un poco. Que rabia me dan las flacas, se piensan que por serlo tienes la potestad de juzgar el físico de las gordas y sentenciar que tu delgadez es directamente proporcional con tu belleza. Lo único que les gusta y envidian de las gordas son nuestras tetas: Nena, si yo tuviera esas tetas, las enseñaría más. Qué envidia, no como yo que nada me luce, blablablá. Idos a la mierda todas, no tenéis ni idea de lo que es cargar con este peso cada día. Como si no cargáramos con suficientes pesos personales ya que encima tenemos éste añadido.

Consigo escaquearme de ella diciendo que me estoy meando como una niña chica, cosa que es cierta, y se ofrece a acompañarme e invitarme a una raya. La primera premisa me parece terrible y la segunda me motiva, pero rechazo la invitación recordando que no está bien mezclar, aunque ciertamente necesito algo más de química en mi cuerpo para aguantar un rato más y no irme a casa como una amargada. De camino al baño me cruzo con Iván de nuevo, que me mira de reojo, pero no veo a la rubia, ahora solo faltaría que me la encontrara en el baño. Maldita sea que no pase eso, no tengo ganas. Entro en la casa pidiéndole a quien sea que haya allá arriba que no me la encuentre. Porque es que fijo que me la encuentro y resulta simpática, y a mí que me da por hablar cuando voy puesta, pues igual acabamos siendo amigas y todo, y tengo que soportar dignamente ver como se morrea con mi ex delante mío, y claro, como somos amigas tendré que sonreír y no tomármelo a mal…Joder, estoy desvariando.

Logro mi objetivo de llegar al baño sin rastro de rubia en el horizonte más cercano. Me bajo los tejanos, me bajo las bragas. Cojonudo, me ha venido la regla. Fantástico. Saco el neceser para coger una compresa o algo que ponerme, y lo primero que encuentro es un trocito de papel higiénico hecho una bola dentro de una de las compresas plegadas. Desenvuelvo el papel y aparece otro trozo de pastilla de M, ¿desde cuándo lleva esto aquí? Y me viene a la cabeza el concierto de Ojete calor donde fui la única de mis amigas que se drogó. Jodida yonki de pacotilla soy. Me pongo la compresa, me meto la pastilla en la boca, amarga como la tarde, me subo las bragas (están hechas un cristo y eso que he intentado apañarlas restregándoles una toallita), me amorro al grifo del lavamanos, y trago. Trago por no pegarme un cabezazo contra el espejo que refleja una cara terrible, con unas ojeras espantosas y un maquillaje nada elaborado. Doy asco. Pero trago.

Vuelvo para fuera y suenan Los planetas. Odio a J, debería vocalizar un poco. Aunque a veces sí que me gusta ese rollo de: hago lo que me sale de los cojones porque la gente me adora igual. Que afortunado es. En fin, volvamos a la fiesta, sonríe, haz como que eres muy feliz un rato y para casa. Es fácil.
Empiezo a tener calor y a notar que mis pupilas se están dilatando. La gente que pasa cerca mío y me roza me produce placer, efecto inconfundible de la química ya está actuando a tope. Joder por fin un buen tema, el clásico en cualquier fiesta indie modernilla que se tercie eso sí, pero esta canción me viene que ni al pelo ahora mismo, Seven Nation Army suena y yo empiezo a darlo todo. Cierro los ojos y me dejo llevar, bailando casi como si nadie me mirara, porque hacerlo totalmente es absolutamente imposible, no jodamos, que el sentido del ridículo para mí aún existe, por ahora. Noto un paquete pegado a mi culo y que alguien se acerca a mi cuello y estoy a punto de soltar una hostia cuando abro los ojos y veo que es Jose. Puto Jose, que marica es y cómo se me arrima siempre y  que bueno está. Un día se me irá la pinza y le cogeré de los huevos para decirle que o follamos o que no se me arrime tanto, joder, que una está necesitada y no es de piedra. Me saluda, me ofrece un trago de su gin tonic, me meto un poco con su atuendo de moderno excesivo, reímos un rato. 

Por un instante me he olvidado de Iván y la rubia pero justo el pensar que me he olvidado de ellos me los vuelve a traer a la mente, y como una desquiciada empiezo a hacer un barrido visual por la fiesta para ver si los localizo. Pero nada, ni  rastro.  O por lo menos yo no los veo, voy un poco ciega, también es cierto.  Mejor.  Ya estoy de mejor humor, empiezo a relacionarme un poco más con el mundo y parece que a la gente le caigo bien. Tampoco me sorprende, siempre caigo bien, tengo esa virtud, aunque a mí la gente no me caiga tan bien en general. La mayoría de personas no merecen demasiado mi interés, sobretodo la gente que cree destacar en cosas. Odio ese tipo de personas que se creen súper especiales, anda a la mierda. Me siento mucho mejor entre mediocres porque al fin y al cabo es lo que soy. Y podría ser la reina en eso, pero es que ni en eso quiero destacar. Así que paso, se vive mejor desde éste prisma vital.

Pasan, que sé yo, un par de horas, y quiero irme ya. Más que nada porque ni tengo un duro para seguir bebiendo ni ganas de seguir metiéndome cualquier mierda que me ofrezcan, ya está bien por hoy. Creo que lo he hecho genial. Además éste ha desaparecido de mi vista y me ha facilitado la fiesta. Me despido de Isa, le doy las gracias por invitarme, ella me da las gracias por venir, me dice que soy una perra del infierno y que la llame algún día para ir a comer. Yo le digo que sí, que en breve quedamos y nos contamos, pero sé que no lo voy a hacer, con esta tipa o vas a algún sitio de menú a 40 pavos o ella pasa. Y yo, en su defecto, paso de ella, y de que me invite como siempre. O aprende a comer menú de 10 euros o que conmigo no cuente.

Salgo por la puerta grande, despidiéndome de todos con algún que otro aspaviento ridículo, lo reconozco. Cuando me meto en estas movidas a fondo, soy súper buena actriz, moderna entre las modernas. Salgo sonriente y triunfal y en la esquina, a lo lejos, veo una pareja comiéndose a besos. Y me viene a la mente la canción Cruz de navajas. Finalmente las cosas pasan por mucho que quieras evitarlas, hay que enfrentarse a ellas y de pronto verlas es el método más doloroso, pero también el más efectivo. Y sí, es Iván con la rubia…con esa rubia. De pronto todas las copas, todas las drogas, toda la ira se concentra en mí y voy directa a ellos, y no sé qué voy a hacer cuando esté a su altura, pero me da igual, que arda Troya si hace falta. Esa rubia que conforme voy acercándome a ellos me parece menos rubia. Los tengo ahora a aproximadamente 5 metros. Y no, no es rubia, y me resulta muy familiar su cara. Sigo acercándome, apenas nos separa un metro, cuando me doy cuenta, haciendo un gran esfuerzo por fijar la vista, de que ese lunar que tiene cerca de la boca se parece infinitamente al de alguien, pero no caigo. No caigo en la cuenta, hasta que estoy a su altura, me paro, y ellos dejan de besarse. Y me miran sonriendo. Y si joder, ahora caigo. 

Ese lunar es igual, igualito, al mío.

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